Chile acaba de dar un nuevo paso en la protección de su vida marina. La Subsecretaría de Pesca y Acuicultura (Subpesca) decretó la extensión por 30 años de la veda que resguarda a más de setenta especies de mamíferos, reptiles y aves marinas que habitan el litoral nacional.
Entre las especies amparadas por la medida se encuentran diez tipos de pingüinos, cinco especies de tortugas marinas, ballenas, delfines, marsopas, lobos finos y lobos marinos, entre otras. Con esta prórroga, se asegura que hasta mediados del siglo XXI estará prohibido cazar, capturar o comercializar cualquier ejemplar o parte de estas especies, salvo en casos excepcionales como investigaciones científicas debidamente autorizadas.
El doctor en Medicina de la Conservación y médico veterinario Cayetano Espinosa, académico de la Universidad Andrés Bello, destacó que la medida responde a una mirada ecológica de largo plazo.
“Durante tres décadas, el maritorio chileno estará libre del uso comercial de estas especies. Se trata de organismos longevos, por lo que sus poblaciones no cambian drásticamente de un año a otro; una veda extensa permite un monitoreo más serio y ajustado a sus ciclos naturales”, explicó el especialista.
La veda, vigente originalmente desde 1995, fue renovada considerando la continuidad de amenazas como la sobreexplotación pesquera, el cambio climático y la contaminación, factores que alteran el equilibrio de los ecosistemas marinos y costeros del país.
Espinosa advierte que proteger estas especies no solo tiene un valor simbólico o ético, sino ecológico y económico: “Si las poblaciones de tortugas, ballenas o delfines se ven afectadas, se rompe el equilibrio del ecosistema y eso impacta también en especies de interés comercial. Todo está conectado”, señaló.
Sin embargo, enfatiza que la veda no basta por sí sola para garantizar la supervivencia de las especies marinas. La contaminación química y acústica, la mortalidad accidental en redes de pesca y la pérdida de hábitats continúan siendo problemas graves. “Cientos de aves marinas mueren cada año enmalladas en redes, al igual que tortugas y delfines. Necesitamos políticas más integrales y una ciudadanía consciente de la fragilidad de nuestro mar”, afirmó.
El especialista destacó la importancia de combinar las políticas de protección con educación ambiental. “La veda es un hito magnífico, pero no suficiente. Necesitamos muchas otras acciones, incluyendo programas educativos y de sensibilización, para asegurar la viabilidad de estas poblaciones en el largo plazo”, apuntó.
Uno de los ejemplos de gestión que resaltó Espinosa es el plan de recuperación y conservación del delfín chileno, una especie endémica que solo habita en aguas nacionales. “Por primera vez se está trabajando en conjunto con organismos públicos, privados y la academia en una estrategia para protegerlo. Eso demuestra que es posible avanzar si existe voluntad y colaboración”, destacó.
Con esta decisión, Chile renueva su compromiso con la biodiversidad marina y se suma a los países que apuestan por políticas de conservación de largo plazo, en un contexto global donde los océanos enfrentan niveles históricos de presión humana.
“El cambio climático está alterando los ecosistemas marinos, pero medidas como esta permiten dar un respiro y recuperar el equilibrio. Es una señal potente de que todavía hay tiempo para cuidar lo que nos da vida”, concluyó Espinosa.
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