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Ocuparnos de nuestras emociones al finalizar el año

Cristóbal Sepúlveda Carrasco

Académico Terapia Ocupacional

Universidad Andrés Bello.

El cierre de un año no es solo la culminación de un proceso histórico ni la decantación final de una sucesión de hechos sociales. Es, sobre todo, un umbral emocional, un horizonte de cambio. Un momento en el que, de manera casi inevitable, ya sea por la fuerza de la tradición o por la necesidad de encontrar certezas en nuestras vidas, realizamos balance de lo positivo y negativo del periodo. Como si la vida, especialmente a fin de año, exigiera hacer funcionar una balanza. Sin embargo, en este acto de clasificación muchas veces no es visible la manera en que durante todo un año nos hemos ocupado   de nuestras emociones.

Durante todo el año realizamos múltiples actividades diarias que implican comprometernos con el trabajo, la educación, las amistades, la familia, entre otras acciones. Estas demandas suponen altas exigencias sociales, en las que el tiempo para sentir y elaborar nuestras emociones suele quedar postergado frente al cumplimiento de responsabilidades y tareas que deben ser alcanzadas.

Al llegar diciembre, el último mes del año, inevitablemente nos detenemos a pensar y evaluar. Realizamos   una especie de contabilidad emocional: recordamos las alegrías, lo grato vivido junto a otros, las frustraciones acumuladas, las alegrías experimentadas a medias, así como los conflictos resueltos y aquellos que aún permanecen pendientes.

Ocuparnos de nuestras emociones al finalizar el año debería asumirse como una práctica necesaria de autocuidado y de cuidado hacia los demás. Sentir no es un acto pasivo, sino un proceso de construcción de emociones saludables que posibilitan relaciones más equilibradas con nosotros mismos y con quienes nos rodean.

Desde esta perspectiva, el recuento de fin de año deja de ser un simple balance entre lo logrado y lo pendiente para transformarse en una instancia de reflexión y aprendizaje sobre la manera en que hemos habitado nuestras emociones: cuáles fuimos capaces de escuchar, cuáles desatendimos por falta de tiempo, cuáles nos expusieron a la vulnerabilidad. Implica también reconocer cuándo fue necesario avanzar o detenerse, cuándo pedir apoyo, cuándo colaborar con otros y cuándo resguardar un tiempo legítimo para uno mismo.

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