Vivimos en una época en donde la información sobre diversas temáticas está disponible a solo un clic de distancia. Sin embargo, tener acceso a ella no significa necesariamente estar correctamente informado, ni que aquello que se difunde corresponda a una verdad absoluta.
Especialmente en el ámbito de la salud, esta situación se ha convertido en un aspecto relevante de abordar, ya que muchas personas toman decisiones o comparten datos basándose en publicaciones de redes sociales, videos virales o consejos de individuos sin formación profesional.
Es común encontrar recomendaciones sobre tratamientos, medicamentos, dietas o supuestas curas milagrosas difundidas a través de internet. Esto puede llevar a que la población intente replicar lo que observa en estas plataformas, exponiéndose a riesgos innecesarios. El problema surge cuando las fuentes no son confiables y las personas las consideran verdaderas sin verificar su origen. Como consecuencia, algunas retrasan consultas médicas, abandonan tratamientos indicados por profesionales o utilizan productos que pueden resultar ineficaces e incluso perjudiciales para su salud.
En este contexto, la alfabetización digital y, especialmente, la alfabetización en salud adquiere una importancia fundamental. Estas corresponden a la capacidad de las personas para acceder, comprender, evaluar y utilizar adecuadamente la información relacionada con su bienestar a través de medios digitales. No obstante, existen diferencias significativas entre los individuos respecto de cómo interpretan y procesan lo anterior.
Las redes sociales pueden constituir una valiosa herramienta educativa cuando la información proviene de organismos oficiales, universidades o profesionales acreditados. Sin embargo, también facilitan la rápida difusión de noticias falsas y contenidos engañosos que generan temor, confusión y decisiones erróneas. Un ejemplo de ello son algunos desafíos virales asociados al consumo de medicamentos de libre venta, los que incluso han provocado consecuencias fatales en menores de edad.
Por ello, resulta fundamental promover la alfabetización en salud desde la infancia, incorporándola en escuelas, centros y espacios comunitarios de manera responsable y supervisada. Esto no significa dejar de utilizar los medios digitales ni cuestionar todo el material que ofrecen, sino aprender a filtrar contenidos, verificar fuentes y consultar a expertos.
En un mundo cada vez más digital, desarrollar habilidades para identificar información confiable ya no es una opción, sino una necesidad. La salud de las personas depende, en gran medida, de la calidad de las decisiones que toman, y estas deben estar sustentadas en evidencia y no en rumores o tendencias que circulan por internet.
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