Cristiano Ronaldo tiene 41 años. La pregunta incómoda es: ¿podríamos nosotros correr diez minutos con él? Probablemente muchos responderíamos que no.
Y no deja de ser sorprendente. Durante el último Mundial hemos visto a jugadores como Cristiano Ronaldo, Luka Modrić o Lionel Messi competir al más alto nivel a edades que, hasta hace algunos años, parecían difíciles de imaginar en el fútbol profesional.
Corren, aceleran, cambian de dirección, disputan balones y someten sus cuerpos a una exigencia física extraordinaria. Entonces, surge una pregunta interesante: ¿qué edad tiene realmente nuestro cuerpo?
Por supuesto, detrás de un futbolista profesional existen años de entrenamiento, preparación física, descanso, recuperación y cuidados médicos. Sería simplista decir que su longevidad deportiva depende únicamente de la alimentación. Pero también sería un error ignorar aquello que comen.
Cada día, nuestro organismo utiliza los nutrientes que recibe para producir energía, mantener músculos, reparar tejidos y sostener innumerables funciones. Dicho de manera simple, los alimentos son parte de la materia prima con la que construimos y mantenemos nuestro cuerpo. Y la calidad de esa materia prima importa.
Las proteínas contribuyen al mantenimiento de la masa muscular. Los carbohidratos proporcionan energía para enfrentar la actividad física. Las grasas cumplen funciones esenciales en nuestro organismo. Vitaminas, minerales, fibra y una adecuada hidratación completan un equilibrio que resulta fundamental para mantener nuestro cuerpo funcionando correctamente.
Una buena alimentación no nos transformará en futbolistas profesionales, tampoco detendrá el paso del tiempo, pero sí puede contribuir a que nuestro organismo enfrente mejor los años.
Quizás ese sea uno de los mensajes más interesantes que nos deja este Mundial.
Durante mucho tiempo hemos asociado envejecer simplemente con cumplir años. Aceptamos casi como inevitable perder fuerza, movernos menos o sentir que nuestro cuerpo comienza a responder de peor manera.
Sin embargo, existe una enorme diferencia entre cumplir años y perder funcionalidad. Y en esa diferencia nuestros hábitos tienen mucho que decir.
La alimentación que mantenemos hoy contribuye a construir el cuerpo que tendremos dentro de diez o veinte años. Lo mismo ocurre con la actividad física, el descanso y otros componentes de nuestro estilo de vida.
Probablemente ninguno de nosotros jugará un Mundial a los 40 años. Pero nuestra propia competencia es mucho más cotidiana. Poder subir una escalera sin detenernos. Caminar varios kilómetros. Jugar fútbol con nuestros hijos o nietos. Cargar las bolsas del supermercado. Levantarnos de una silla sin dificultad. Mantener nuestra independencia durante el mayor tiempo posible. Eso también es rendimiento físico.
Por eso, cuando vemos a un futbolista veterano correr durante 90 minutos, quizás la pregunta no debería ser solamente: ¿cómo puede seguir jugando a esa edad?
Tal vez también deberíamos preguntarnos: ¿qué estamos haciendo hoy para que nuestro cuerpo siga funcionando bien cuando nosotros lleguemos a esa edad?
La buena alimentación no detiene el reloj… Pero puede ayudarnos a llegar a los años que vienen con un cuerpo mejor preparado para seguir jugando nuestro propio partido.
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