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	<title>lluvias en el biobío &#8211; Noticias Bio Bio</title>
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		<title>Las lluvias no terminan con la sequ&#237;a: Biob&#237;o ante el desaf&#237;o clim&#225;tico de &#8220;El Ni&#241;o&#8221;</title>
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										<content:encoded><![CDATA[<p><i><strong>La posible llegada del fenómeno podría aumentar las precipitaciones durante el invierno, favoreciendo mejoras temporales en algunos indicadores hídricos, pero intensificando riesgos asociados a eventos extremos en una región marcada por la sequía y los incendios forestales.</strong></i><i></i></p>
<p><a href="https://noticiasbiobio.cl/wp-content/uploads/2026/05/lluvia-referencial-.jpg"><img fetchpriority="high" decoding="async" width="522" height="295" title="Imagen referencial - lluvia referencial " align="left" style="margin: 0px 8px 0px 0px; float: left; display: inline; background-image: none;" alt="Imagen referencial - lluvia referencial " src="https://noticiasbiobio.cl/wp-content/uploads/2026/05/lluvia-referencial-thumb.jpg" border="0"><br /></a></p>
<p>Asociado al calentamiento anómalo del océano Pacífico ecuatorial, &#8220;El Niño&#8221; es un fenómeno natural que modifica los patrones climáticos a escala global, provocando efectos distintos según cada territorio. Mientras algunas zonas pueden enfrentar condiciones más secas, en Chile el fenómeno podría favorecer un aumento de las precipitaciones durante el invierno, particularmente en la zona centro y centro-sur del país. La Administración Nacional Oceánica y Atmosférica (NOAA) comunicó que el evento presenta una probabilidad de 82% de consolidarse entre mayo y julio de este año.</p>
<p>En esta línea, surge una interrogante: ¿Es suficiente el aumento de las lluvias para superar la crisis hídrica? Esta discusión cobra aún más relevancia en una región que concentra menos del 4% del agua disponible del país y presenta más de una década de sequía.</p>
<p>Para el investigador del Centro Regional de Estudios Ambientales de la Universidad Católica de la Santísima Concepción (UCSC), Dr. Pablo González, la respuesta requiere mirar el fenómeno desde distintas dimensiones. “La sequía meteorológica está asociada al déficit de precipitaciones frente a valores normales. Un año lluvioso puede generar una sensación de recuperación, pero mirar solo la lluvia caída entrega una visión parcial del problema. También existe la sequía hidrológica, vinculada a menores caudales, embalses, humedales y aguas subterráneas. Esto es importante porque nuestras comunidades, actividades productivas y ecosistemas dependen tanto del agua superficial como de la subterránea”, señaló.</p>
<p>Según explica el investigador del CREA, este escenario podría generar mejoras temporales en algunos indicadores hídricos regionales, pero también podría aumentar riesgos asociados a eventos extremos. “Cuando las precipitaciones se concentran en pocos eventos de alta intensidad, el agua no alcanza a infiltrarse ni almacenarse bien, y aumentan los riesgos de crecidas, inundaciones, remociones en masa, erosión y daños en infraestructura. Además, estas lluvias intensas pueden arrastrar sedimentos y contaminantes hacia ríos y esteros, afectando temporalmente la calidad del agua”, detalló.</p>
<p>Según la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), los efectos asociados a “El Niño” pueden representar riesgos para la seguridad alimentaria. En Biobío, donde más de 58 mil hectáreas se destinan a cultivos como trigo, avena y maíz, un escenario marcado por precipitaciones más intensas podría generar efectos tanto positivos como negativos para la actividad agrícola.</p>
<p>“Una mayor disponibilidad hídrica puede ayudar a enfrentar mejor la temporada de riego, reducir el estrés de los cultivos y dar más seguridad a la producción agrícola. Sin embargo, si las lluvias son muy intensas y concentradas, también pueden generar anegamiento de suelos, pérdida de cultivos, erosión, daños en infraestructura de riego, además de mayores riesgos de enfermedades en algunas plantas”, señaló el experto.</p>
<p><b>La vulnerabilidad que persiste tras los incendios</b></p>
<p>Otra de las preocupaciones se vincula con las zonas afectadas por los incendios ocurridos en enero de este año. Al respecto, la jefa de carrera de Ingeniería Civil de la UCSC, Sofía Toledo, ya había advertido sobre los efectos de los incendios forestales en el suelo ante escenarios de lluvias, como la pérdida de permeabilidad y la disminución de su resistencia mecánica.</p>
<p>“El daño que deja el fuego en los suelos urbanos puede traducirse rápidamente en deslizamientos, escorrentías e inundaciones si no se adoptan medidas preventivas oportunas”, señaló la académica.</p>
<p>A cuatro meses de la tragedia, los riesgos persisten, indicó el Dr. Pablo González. “Las zonas afectadas por incendios forestales tienen un riesgo mayor frente a lluvias intensas, especialmente cuando la vegetación fue removida o el suelo quedó muy expuesto. La vegetación cumple un rol clave: ayuda a sujetar el suelo con sus raíces, reduce la velocidad con que escurre el agua y favorece la infiltración. Cuando esa cubierta vegetal desaparece, el suelo queda más vulnerable, el agua escurre con más rapidez por la superficie, arrastra sedimentos, cenizas y material suelto, y puede aumentar el riesgo de erosión, aluviones o remociones en masa”.</p>
<p>En un escenario marcado por eventos climáticos cada vez más extremos, el especialista advierte que la gestión del agua y la protección de los ecosistemas serán claves para fortalecer la capacidad de adaptación del territorio. Una mirada que dialoga con el llamado planteado por el Papa Francisco hace 11 años en la encíclica Laudato Si&#8217;, donde invitó a comprender el cuidado de la “Casa Común” como una responsabilidad colectiva frente a desafíos ambientales que afectan tanto a las personas como a los ecosistemas.</p>
<p>“El desafío no es solo valorar la lluvia cuando escasea, sino prepararse para gestionarla cuando esta llega en abundancia. Si se cumple el escenario previsto, será clave reforzar la vigilancia de caudales, revisar infraestructura crítica, mantener operativos los sistemas de aguas lluvias y anticipar efectos sobre comunidades, actividades productivas, infraestructura urbana y ecosistemas. Superar la sequía exige algo más que el retorno de las lluvias: implica recuperar seguridad hídrica, proteger ecosistemas y reducir la vulnerabilidad de las comunidades”, concluyó el investigador.</p>
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