La inteligencia artificial (IA) ya está cambiando la educación chilena, alterando tanto el modo en que los estudiantes aprenden como la forma en que enseñan a los docentes. Desde la enseñanza básica hasta la universidad, el rol del profesor ha evolucionado, ya no es solo quien transmite contenidos, sino quien orienta, cuestiona y forma en pensamiento crítico y responsabilidad ética. Pero esa función, hoy, está en riesgo.
Por primera vez, herramientas tecnológicas como ChatGPT o Gemini no sólo asisten, sino que reemplazan parcialmente procesos de razonamiento humano. Esto obliga a la educación a moverse con rapidez. ¿Estamos formando a nuestros estudiantes para pensar por sí mismos o para delegar sus tareas a una máquina?, ¿Quién piensa cuando la IA responde?, y más importante aún, ¿qué estamos haciendo, desde Chile y nuestras regiones, para responder a esta transformación?.
Este no es un escenario hipotético, ya que el uso de herramientas de IA generativa se ha vuelto cada vez más habitual entre los estudiantes. Este fenómeno presente en universidades de todo el mundo, plantea un desafío urgente: acompañar su implementación pedagógica de forma sólida, que fortalezca el pensamiento crítico y evite que estas tecnologías se conviertan en atajos que debiliten el aprendizaje. La IA debe ser una aliada en el proceso formativo, no una excusa para dejar de pensar.
En 2023, el Ministerio de Educación publicó una guía para docentes sobre el uso pedagógico de ChatGPT. Sin embargo, en la realidad cotidiana del aula chilena, muchos estudiantes —mucho antes de la irrupción de la IA— ya enfrentaban serias dificultades para desarrollar pensamiento crítico. Hoy, estas herramientas amplifican ese problema. No basta con prohibir celulares: necesitamos enseñar a usarlos con sentido crítico, responsabilidad y propósito formativo.
Hay que iniciar capacitaciones docentes para integrar la IA en el aula universitaria. Pero esto no basta. Es urgente extender estos esfuerzos a los colegios y liceos del país, donde millas de profesores enfrentan esta revolución tecnológica con escasos recursos y sin una hoja de ruta clara. Incorporar asignaturas sobre IA en la formación inicial docente será clave para los próximos años.
La IA ya está en el aula. No podemos seguir actuando como si no estuviera. Necesitamos políticas públicas claras, una formación docente actualizada y una comunidad educativa que no le tenga miedo a esta tecnología, pero que tampoco les entregue el pensamiento a ciegas. Si no actuamos ahora, no solo perderemos el control del proceso educativo, perderemos también la oportunidad de formar ciudadanos críticos, creativos y conscientes.
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