Incendios y autismo: Cómo reconstruir vínculos, rutinas y contención emocional

monona valdésPor Monona Valdes Cortez, directora de Educación Diferencial UNAB.

Los incendios forestales que afectan en la región del Biobío no solo han arrasado con bosques, empresas, viviendas, lugares de atención a público y escuelas. También han removido de manera abrupta las rutinas, los entornos seguros y los apoyos que muchas personas en el espectro autista requieren para transitar su vida cotidiana. Las consecuencias de esta emergencia no terminan directamente con el control del fuego, posteriormente viene una etapa crucial de contención emocional, acompañamiento y reconstrucción de la vida con ciertas acomodaciones, especialmente para niños, niñas, adolescentes y adultos con Trastorno del Espectro Autista (TEA), cuyas necesidades suelen quedar invisibilizadas en los planes de acción para atender los desastres.

Estamos conscientes que las personas con autismo pueden experimentar una desregulación emocional frente a cambios violentos del entorno, pérdida de espacios cotidianos, exposición a ruidos intensos como lo son las sirenas, carros de bomberos o helicópteros, e incluso situaciones de hacinamiento como los que se viven en albergues frente a las solicitudes de evacuaciones que se están realizando. Todo ello puede detonar crisis de angustia, retraimiento, conductas disruptivas o regresiones. En este contexto, la falta de apoyos específicos para este grupo puede profundizar aún más la exclusión y la angustia.

Por ello, resulta urgente que los familiares y redes de apoyo comprendan la magnitud de este impacto y activen estrategias de contención. Algunas recomendaciones clave para estos días críticos:

Para familias y cuidadores/as, la idea es mantener rutinas básicas, aunque sean simbólicas, como los horarios de comidas, actividades repetidas, momentos de calma. Además, validar emocionalmente lo que está ocurriendo. Aunque cueste verbalizarlo, niños y niñas con TEA perciben la tensión. Nombrar la situación en palabras simples y honestas puede ayudar. Usar apoyos visuales o pictogramas dentro de las posibilidades, para explicar qué ha pasado y qué va a ocurrir. Esto puede incluir mapas, dibujos o secuencias. Evitar la sobreexposición a noticias, especialmente con imágenes traumáticas o sonidos fuertes. Buscar espacios tranquilos dentro de los albergues o casas temporales, incluso si es solo una esquina con una manta o audífonos.

Para redes de apoyo (escuelas, equipos de salud, municipios, organizaciones TEA, área de salud), lo fundamental es generar materiales accesibles para explicar la emergencia (folletos visuales, videos cortos, pictogramas en redes sociales). Disponer de espacios seguros en los albergues, con personal sensibilizado en neurodiversidad. Activar rutas de apoyo psicoemocional individualizado para personas con TEA y sus familias, ya sea por vía remota o presencial, en torno al manejo del trauma y necesidades educativas especiales post catástrofe.

Los incendios pasarán, pero las consecuencias pueden quedar arraigadas por años si no se actúa con sentido de urgencia y empatía. Las personas con TEA no pueden seguir siendo las últimas en la fila en momentos de crisis. La contención, la planificación y la disposición deben ser parte del nuevo plan de reconstrucción planteado por las autoridades, atendiendo lo que señala la Ley de Autismo, para que no solo pensemos en ladrillos y obras, sino también en vínculos, rutinas, seguridad emocional y derechos garantizados.

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