El reciente acuerdo que puso fin a las hostilidades abiertas entre Israel y Hamás ha sido recibido con alivio internacional y llamados a la reconstrucción inmediata.
Tras poco más de 2 años de guerra el acuerdo de paz en Gaza pone término a los más cruento de la guerra, sin embargo, para especialistas como Marcelo Pérez, analista internacional del Campus Creativo de la Universidad Andrés Bello, el alto al fuego abre una etapa de decisiones estructurales que plantean dudas sobre la sostenibilidad de la paz.
El especialista examina los alcances y limitaciones del plan, el rol de la OTAN y de Estados Unidos en su supervisión, y las condiciones humanitarias que marcarán la reconstrucción del territorio.
“Hoy se parte desde un punto más complicado para Israel y más favorable a quienes impulsan el reconocimiento de un Estado palestino”, señala Pérez.
“Vemos algo novedoso en que se plantea una especie de entidad tecnocrática palestina supervisada por una ‘Junta de Paz’ en la que participan actores como Estados Unidos y la OTAN”, afirma Pérez. En su diagnóstico, que combina elementos políticos y de derechos humanos, esa supervisión exterior cambia el escenario: “Creo que ahí hay algo un poco más novedoso… el planteamiento honesto de que va a ser la OTAN finalmente la que supervise este proceso.”
Pérez destaca tres ejes que condicionarán si el acuerdo se transforma en una paz duradera o en una tregua temporal:
Legitimidad y supervisión internacional
El protagonismo declarado de Estados Unidos y actores occidentales —y la invocación de figuras políticas de peso— puede ayudar a imponer compromiso diplomático, pero también provoca cuestionamientos sobre independencia y equidad del proceso. “Estados Unidos no tiene ninguna validez para supervisar ningún tipo de tratado”, advierte el analista, recordando experiencias previas donde transiciones supervisadas por potencias externas terminaron mal.
El plan contempla un comité transitorio de tecnócratas palestinos cuyo origen y funciones aún son nebulosos. Pérez subraya que mientras no quede claro “cómo se va a gobernar la franja de Gaza desde ahora en adelante”, la paz seguirá siendo estructuralmente frágil. La permanencia de grupos armados en la región —y la posibilidad de que Hamás permanezca activo— constituyen, según él, la mayor excusa para que se reactive la violencia.
Dimensión humanitaria y reconstrucción
Las necesidades materiales son inmensas: la reconstrucción de Gaza requerirá cifras millonarias y coordinación internacional amplia; los gobiernos y organismos han comenzado a anunciar planes y fondos, pero la implementación será compleja y prolongada.
Pérez advierte además sobre la interacción regional: la situación en el Líbano, Siria, Yemen y la presencia de actores como Hezbolá e Irán forman un tablero más amplio que puede condicionar la estabilidad del acuerdo. “Mientras existan frentes abiertos, es imposible asegurar que no habrá un recrudecimiento de la violencia”, explica.
Un Estado palestino
Respecto al reconocimiento de un Estado palestino, el analista observa una tensión política: aunque varios países han pronunciado su apoyo al reconocimiento, la administración que lidera el proceso ha evitado hasta ahora un compromiso explícito
sobre este punto. “¿La paz puede significar que estos países redoblen su compromiso con un Estado palestino? Podría significar iniciar conversaciones diplomáticas mucho más serias”, plantea Pérez, pero recuerda que la realidad política internacional y las prioridades estratégicas de actores clave pueden influir decisivamente.
Para Marcelo Pérez, el acuerdo constituye una ventana de oportunidad para detener la violencia y comenzar la reconstrucción, pero su viabilidad depende de decisiones políticas y garantías institucionales que hoy están en discusión.

Leave a Reply