En vacaciones, las rutinas de las familias se relajan y uno de los mayores riesgos es que los niños y niñas suban de peso en esta época. María Constanza Bugmann, académica de la carrera de Nutrición y Dietética de la U. Andrés Bello, sede Concepción, entregó consejos para evitar esta situación.
Una de las claves es mantener una alimentación equilibrada en vacaciones sin ser demasiado restrictivos con los niños. Para ello, se puede ser flexible con los horarios de comidas. “Pero hay que mantener al menos las 2 comidas principales al día y 1 a 2 colaciones. Importante asegurar un desayuno saludable que incluya lácteos, frutas y cereales y asegurar el horario de almuerzo que incluya proteínas y verduras principalmente”, dice la nutricionista.
La académica de UNAB agregó que las colaciones deben ser en base a frutas y lácteos pudiendo preparar batidos o helados en base a estos alimentos.
Actividad física en vacaciones
La experta precisó que los niños deben tener agua fresca y fría disponible, aromatizadas con frutas durante todo el día para que les sea más atractivo que jugos y otros como bebidas azucaradas.
En cuanto a las colaciones, sugirió preparar helados o batidos en base a frutas y lácteos e incluir a los niños en la preparación. También se puede preparar brochetas de frutas, aprovechando las de temporada como también mix de frutas frescas saborizadas con yogurt. “Hay que evitar comprar y tener en casa alimentos ultra procesados”, sostuvo.
También es fundamental la actividad física.
“Se debe incluir movimiento espontáneo; ir a plazas, playas, juegos activos como fútbol, escondidas, saltar la cuerda. Pero no se debe imponer la actividad física sino más bien invitar al juego activo y diversión. Lo ideal es que alcancen 60 min al día de actividad física y disminuir o controlar el tiempo en pantallas”, aseguró.
Controlar, no prohibir
Una de las tareas más difíciles es manejar el consumo de dulces, helados y bebidas azucaradas sin generar ansiedad o culpa en los niños.
Para ello, la experta aconsejó no prohibirlos, pero tampoco permitir el consumo diario. “Acordar momentos específicos; por ejemplo: fines de semanas, cumpleaños o celebraciones específicas. Porciones pequeñas y disfrutadas: servir en pocillos chicos, comer sentado y sin pantallas”, aseguró.
También se debe utilizar un lenguaje adecuado; hablar de cómo los alimentos nos hacen sentir y rendir, no de “engordar y/o adelgazar”.
En cuanto a las señales de alerta, la académica llamó a estar atentos a cambios de talla rápidos en pocas semanas; ropa que no queda bien o necesidad de tallas mayores de manera brusca.
“Cansancio inusual en juegos que antes hacía sin problema, o sueño poco reparador (ronquidos frecuentes); preferencia sostenida por pantallas y sedentarismo; picoteo constante sin hambre. y apetito muy guiado por aburrimiento o ansiedad en vez de señales de hambre y/o saciedad”, puntualizó.

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